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LA CARRETA DE COMIDA “NO ES NOVELERÍA”

Nada camufla la potencia de las decenas de cebollas que se fríen en la enorme olla de la cocina de la presentadora Gabriela Pazmiño de Bucaram.

 

Cada jueves, viernes, sábado y domingo, la casa de la animadora de En Contacto se perfuma con el aroma de las hamburguesas y perros calientes que vende ella en una carretilla de comidas rápidas que ubicó frente a su vivienda, en una ciudadela del norte de Guayaquil.

 

Lo que antes del 24 de mayo pasado era una amplia cocina familiar, ahora resulta estrecha para las bandejas con nueve kilos de carne molida, botes de salsa de tomate, mostaza, mayonesa y panes que allí pululan.

 

A las 14:00 empieza el ajetreo. El sudor le corre el maquillaje que usó durante su programa. La cocina es espacio en el que cinco personas cortan verduras, preparan las salsas, limpian salchichas y organizan la elaboración de 1.000 productos, entre hamburguesas y los citados perros calientes. Desde las 18:00, empieza Gabriela a vender sus preparaciones a 3, 4 y 5 dólares.

 

Ella se lava las manos antes de ponerse un par de guantes y admite que no le gusta cocinar con ellos pero tiene que hacerlo porque ahora prepara alimentos para su familia. Se pone un delantal sobre su ropa deportiva que combina con chanclas.

 

La apertura de su carretilla, que la consiguió a través de un canje, le adjudicó un sinnúmero de críticas, de las que está consciente y lee a diario en sus redes sociales. “Estoy en una etapa de mi vida, después de tanta crítica que he recibido... que si mandaba en En Contacto, que si cambió el programa, que esto, que lo otro, decidí enfocarme en lo positivo que la gente habla de mí”, dijo Pazmiño, mientras le echaba salsa de tomate a la base para los perros calientes.

 

Un sueño cumplido

 

Por ello ha preferido no hacer caso a los malos comentarios y realizar su sueño, que realmente empezó con la idea de ponerse un restaurante.

 

Este anhelo mutó cuando llegó a sus manos la carretilla, hace cinco meses, pero no fue sino hasta el mes pasado que decidió abrirla.

 

Ahora debe hacer malabares para preparar las hamburguesas, atender su negocio y tomarse una foto con cada persona que llega a su casa.

 

Aunque abre desde las 18:00, una hora antes ya tiene a más de 50 personas haciendo fila en el lugar, quienes antes de pretender saciar su hambre, lo primero que hacen es pedirle una selfie a la presentadora. Allí, las hamburguesas pasan a un segundo plano.

 

“Esto no es novelería, para mí es proyectarme hacia el futuro, es un negocio bueno y muchas personas me han dicho que quieren abrir un negocio igual que yo”, indicó.

 

Su mano derecha es Digna Cortez, a quien contrató para que la ayude a freír la carne. Gabriela prefiere aliñarla ella una noche antes, aunque esto le toma de tres a cuatro horas.

 

Antes de abrir las puertas para iniciar la atención, reconoce que una noche lloró del cansancio pero no se arrepiente y pretende continuar con el negocio, a pesar de las críticas y aunque su sala tenga un impregnante olor a cebolla.

 

Pilas con esto

 

Venta

 

El primer día vendió 100 hamburguesas. Actualmente está vendiendo 500 diarias. Adicional, 150 hotdogs.

 

Dalo cobra

 

Gabriela admite ser un ‘desastre’ con las cuentas y es su esposo Dalo Bucaram el que la mayoría del tiempo le ayuda a cobrar.

 

Toque secreto

 

Confiesa que tiene un ingrediente secreto que le pone a sus hamburguesas, pero no lo revela.

 

Proyectos

 

Pazmiño asegura que se toma muy en serio este negocio y tiene como proyecto, a largo plazo, ampliarlo. Incluso le han pedido que venda la franquicia.

 

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